
lunes, 22 de marzo de 2010
Buena música

viernes, 19 de febrero de 2010
Por qué comparto mis canciones en Internet
Hace varios años decidí difundir y mostrar una canción inédita únicamente a través de internet. No existía Facebook, tampoco estaba en Myspace. Simplemente armamos un mail gráfico comunicando que en una dirección web existía un link para bajarse la canción en calidad CD. Y una vez que se bajaba, cada uno podía hacer lo que quisiera, guardarla en su PC, pasarla a un CD, difundirla por radio, etc.
El tema se llamaba Altavoz, y recuerdo que nunca existió ningún soporte físico de difusión de esa canción. Pese a esa limitación (y estoy hablando de hace varios años), el tema se difundió mucho por radio y se usó como cortina musical en un programa de TV.
Creo que el resultado fue mejor del que esperaba. Sólo se trataba de un desafío personal. Comprobar si existía la manera, sin estructura alguna, de hacer sonar un tema en los medios. Y se podía.
Un tiempo después lo volví a hacer con otra canción, aunque ya las radios estaban más inundadas de nuevos ritmos y tal vez no surtió el mismo efecto, aunque el mismo programa de TV que había adoptado Altavoz como cortina, también lo usó en su programa 2 años seguidos. El programa es Bien temprano, de canal 5 de Rosario, conducido por Susana Rueda, y la canción se llama El mismo sol.
El año pasado empecé a grabar un nuevo material, de 12 canciones inéditas y tuve ganas de antes del lanzamiento subir algunos temas a modo de adelanto. Y ahora que existe Facebook, aproveché ese medio para hacer algo de difusión de la existencia de un lugar desde donde se podía bajar el tema. Elegí Mundo divino, no con la visión que normalmente se tenía, de elegir como primer corte una canción “hitera”, sino con la idea de mostrar sencillamente un adelanto del material en el que estaba trabajando. Una balada con bastantes guitarras que por suerte tuvo muy buena aceptación, tanto en internet como en algunas radios. Recibí comentarios realmente increíbles.
Hoy tuve ganas de subir otra canción. Se llama La mitad. Tampoco la elegiría como primer corte, pero me gustó siempre, y casualmente es otro de los temas en los que me di el gusto de tocar todos los instrumentos.
Y por qué las comparto ?
Antes que nada por un concepto que no es mío, pero con el que coincido plenamente. No todo se compra, no todo se vende.
Más allá de esa vieja afirmación, creo que lo hago porque las canciones lo necesitan. Las canciones siempre quieren abrirse paso. Uno a veces las ata. Las envuelve en celofán dentro de una caja a la espera de que alguien decida romper ese celofán y dejarlas volver al aire.
Pero creo que las canciones necesitan del aire.
Hoy dejé ir otra canción. La dejé libre.
Ojalá le guste el paseo.
domingo, 31 de enero de 2010
Revelaciones. La historia de una foto.
Una nota que me invitaron a escribir hace unos años para los fascículos que salieron en el diario La Capital de Rosario, acerca de La Trova Rosarina.
La colección se llamaba “La Rosa Trovarina”. El nombre fue idea de Adrián Abonizio, que también estuvo a cargo de la coordinación general junto a Juan Aguzzi. El diseño de la colección fue de Mauricio Chiaraviglo.
Aquí va. Revelaciones. (La historia de una foto)
Hacía muy poco que tenía mi Canon ATI. Desde siempre me había gustado la fotografía, y finalmente tenía una reflex en la mano. Esa mañana había comprado un rollo de 400 asas. Blanco y negro.
No sé como, pero un día en la sala de ensayo, hablando de las fotos, me había ofrecido a hacerlas. No me acuerdo bien adónde fuimos, pero sé que esa tarde disparé el rollo entero.
Me encantaba ir a los ensayos en la calle Cochabamba. Sonaba bárbaro y se trabajaba de una manera poco usual. Rubén con su viola haciendo arreglos súper interesantes, a contrapunto, creando climas. El Muerto Sainz y una base potente, el Zappo Aguilera con sus percusiones. Fito empezaba a mostrar algo de lo que después todos conocerían, y Silvina tenía el color de voz exacto para que con Juan formaran un combo perfecto.
Lamento no haber sacado más fotos de esos momentos. Porque la memoria a veces se diluye y se confunde. Pero recuerdo que los rollos de 400 no eran baratos. Y revelarlos menos.
Pero igual esa tarde saqué las treinta y seis fotos. Todos ya estaban un poco aburridos. En esa época hablar de una “sesión de fotos" era casi impensable. Entonces sobrellevaban el momento contando boludeces y riéndose de pavadas. Como chicos. Pero después de un rato, para alegría de todos, terminamos.
Cuando en la pieza de la casa de mis viejos hice los contactos (copias chiquitas de las fotos), empecé a verlas con la lupa y una en particular me atrapó.
Tenía un error, pero también tenía algo de esa energía que aparecía en la sala cuando tocaban. La amplié en 10x15, la sequé en el baño y la miré bien. Esa era la foto. Aunque el Zappo Aguilera se había corrido de su lugar justo en esa 1/125 fracción de segundo. Y no había Photoshop. Perdón Zappo. ..
Pero esa foto tenía algo que me atrapaba. Fito ya estaba con ganas de terminar, pero mantenía el humor. El Muerto, estaba sonriente, seguramente riéndose de algo que había dicho Rubén, pero sin perder la cara de *foto de Bariloche". Silvina también lo estaba mirando, con esa sonrisa que yo conocía desde hace tiempo, desde la época que escuchábamos a Joni Mitchell y tratábamos de sacar canciones de Spinetta.
El único que seguía manteniendo la mirada fija en la lente de la cámara, era Juan. Pero enseguida vi que en realidad no estaba mirando la lente. Estaba mirando mucho más allá.
Juan estaba mirando a toda la gente que, poco tiempo después, iba a conmover cada vez que pisara un escenario.
Él estaba convencido de lo que iba a venir. Ese es para mí Juan Carlos Baglietto. El que no mira a una lente ni le canta a un micrófono. El que sube a cantar con tanta polenta, que si no hay escenario, lo construye. Ese es Juan. Que aunque no pueda decir que soy su amigo, lo admiro y lo quiero de verdad.
Muchas veces me pasa que vuelvo de vacaciones y, cuando vemos las fotos, los amigos me preguntan si realmente fui. Porque no salgo en ninguna. Sin embargo, yo siento lo contrario. Cada foto que vuelvo a ver me lleva a ese lugar, al lugar exacto donde yo estaba parado, y a lo que se veía desde ese lugar: Y en deflnitiva, si me paré ahí, era porque en ese instante me parecía el mejor lugar.
Después de esa foto pasaron muchas cosas. La alegría y la emoción de que Juan grabara un tema mío. Lo increíble que fue, un tiempo después de esa foto, apoyar la púa en un vinilo y escuchar “La música me ayuda” y “Los días por vivir" cantadas por él. Después también vinieron los 10 años maravillosos que pasé disfrutando y aprendiendo en la banda de Fito. Recuerdo también la producción en El Cielito del disco Profano, de mi amigo Rubén Goldin, que hicimos junto al querido Néstor Raschia. La sorpresa de que Lalo grabara la primera canción que yo había cantado como invitado en un recital de Baglietto. La producción junto al maestro Claudio Cardone de En tierra firme; donde pude trabajar por primera vez con Adrián Abonizio. Y todas las canciones y momentos que por suerte me siguen acompañando hasta hoy.
Me siento orgulloso de haber sacado esa foto y de haber estado parado en ese lugar y en ese momento, mirando a través de la lente a gente que quiero mucho, que admiro y con la que tuve la suerte de compartir grandes momentos de mi vida.
Y también estoy muy orgulloso de que algunas notas, algunas palabras y algunos acordes, que nacieron después de esa foto, formen parte de esta historia.
martes, 5 de enero de 2010
Algo sobre los Cables cruzados y el Tema de Rosario
martes, 29 de diciembre de 2009
Deseos

miércoles, 2 de diciembre de 2009
Magia y sonrisas
Desde chico me hace bien estar con gente que sonríe. Porque una sonrisa te transmite energía, te contagia, te acaricia el alma.
Pocas veces esas dos cosas se combinan.
Yo tuve la suerte de conocer a alguien que las combinaba. Y muy bien.
Admiro el humor. Es un lenguaje que me hace bien transitar. Con este mago que sonreía lo hemos transitado muchas veces. En viajes, hoteles, incluso arriba de escenarios multitudinarios sin que nadie lo notara.
Hemos compartido música, hemos disfrutado con alguno de esos acordes que llegan en el momento que uno más los necesita. Hemos vibrado con arreglos de cuerdas que sonaban cuando tenían que sonar.
Y como decía recién, nos hemos reído mucho. Y eso no es poca cosa.
Gracias Mario por tu música, por tu cariño, por haberme hecho sentir un chico mirando cómo hacías un truco que jamás contabas. Y lo bien que hacías al no contarlo. Porque eras un mago. Un mago que encima tocaba el piano con pasión y que te llenaba el alma al escucharlo.
Voy a recordar siempre muchos momentos vividos, pero hay uno en particular que me llevo y que cada vez que lo traigo a mi memoria no puedo evitar sonreír. Hasta un día tan triste como hoy me hizo sonreír. Si pudieras leer esto sabrías de qué estoy hablando.
Gracias Mario. Fue un verdadero placer, un orgullo y una alegría, el haber compartido esos años con vos.
Te quiero mucho y ojalá que donde estés, estés bien.
sábado, 28 de noviembre de 2009
Después de tocar
La música me ayuda, escribí hace años en una de las primeras canciones que compuse, y que más tarde grabaría Juan Carlos Baglietto. Y lo sigo pensando. Ese instante, y digo instante porque siempre pasa rápido, desde que uno sube al escenario, con su guitarra colgada, el inalámbrico prendido y el equipo seteado, hasta que saluda y se despide hasta alguna próxima vez, sigue teniendo la misma magia. Genera siempre el mismo placer.
Tuve la dicha de vivir muchos escenarios, de todo tipo y tamaño. Bares con 20 personas, estadios con 50.000, con lluvia, con sol, frente al mar, en la montaña, en países lejanos, en pueblos cercanos y divinos. Y siempre he sentido la misma sensación. Ese placer efímero tal vez, pero tan profundo.
Y el otro día la música volvió a ayudarme.
Disfruté tocando con músicos geniales que pese a venir de otro palo, pusieron lo mejor para que esa magia que tiene la música se despertara.
Nahuel con su bajo y su empuje de siempre, Mario con su tranquilidad y su tempo maravilloso. Willy poniendo todo, con su potente sonido y Lucas, compartiendo por primera vez un escenario conmigo y dando lo mejor.
Disfruté cantando algunas canciones nuevas. Tal vez en algunas me ganó la emoción de cantarlas por primera vez y de poder decir algunas frases muy especiales mirando a los ojos a la destinataria de esas palabras. Seguramente desafiné un poco en Caminar, mientras cantaba que "si el camino no te lleva, hay que armarse de coraje, cruzar desiertos de arena y mares llenos de sangre. No confíes en tu suerte, no dejes que el tiempo pase, hacéle un guiño a la muerte y que la vida te abrace.... y aunque el cielo sea distinto y el sol ya no es el de antes, son tus ojos los que veo cada día al levantarme."
También me divertí mirando las caras cantando Tres mensajes, cuando digo "te mandé tres mensajes, los habrás recibido. El tercero decía que ya del primero me había arrepentido...", alguno tal vez se sintió identificado en estos tiempos sms...
Me gustó cantar esa especie de chacarera que es Cuando no tengo tu amor, pero con el sonido Vudú. Me encantó la versión que quedó. Tal vez retoque un poco la que está grabada.
Fue una buena tarde. La gente que estaba recibió las canciones nuevas con mucha apertura y ganas, y realmente me ayudan a convencerme que cuando tomen forma de disco van a estar presentes en sus vidas como algunas otras que he escrito o cantado.
La producción fue excelente, todos. Muy buena organización en todos los detalles, desde lo técnico, hasta los camarines decorados con tanto cariño y el catering riquísimo.
Y algo que siempre me llevo, es la imaginaria fotografía de las caras de la gente cuando escucha las canciones. Y me encantó esa foto. Me la llevé para siempre, como tantas otras.
Como broche final, disfruté muchísimo cantar junto a Lerner Volver a empezar. Maravillosa banda y una inmensa generosidad de uno de los grandes de la música argentina. Un gran momento.
Lástima la prensa, que como casi siempre brilló (?) por su ausencia, y a los que fueron no les interesó que antes del show principal hubiera otro. Suele pasar. Llama la atención tal vez en este caso particular que ni en el noticiero del canal 5, que transmitió parte del evento, ni en otros programas del canal, no se hayan interesado en lo que pasó arriba del escenario antes del show central.
En fin, se la perdieron. Pero por suerte la música, aparte de ayudar, se abre paso. Atraviesa lugares, fronteras y tiempos, sin que ni siquiera uno mismo pueda tener control sobre su camino.
Y eso nada ni nadie lo puede cambiar.
"Una canción puede llegar desde un desierto hasta el fondo del mar,
puede abrirse paso entre las ruinas..."
Gracias a todos por hacerme pasar una tarde/noche de esas que quedan guardadas para siempre.





